29 julio, 2008

Roberto Juarroz

ALGUNe DÍA...

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.

ASÍ COMO NO PODEMOS...

Así como no podemos
sostener mucho tiempo una mirada,
tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
la espiral del amor,
la gratuidad del pensamiento,
la tierra en suspensión del cántico.

No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando algo lo visita.
Y menos todavía
cuando nada lo visita.

El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,
ni tampoco a lo que no es el hombre.

Y sin embargo puede
soportar el peso inexorable
de lo que no existe.

EL AMOR EMPIEZA...

El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.


EL CENTRO DEL AMOR

El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.
Ambos centros se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.




EL CORAZÓN EMPIEZA BAJO TIERRA..

El corazón empieza bajo tierra,
pero acaba en tus labios y en los míos.
La muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos largos
desprende las arrugas del temblor.

No hay que negar que eso nos salva,
pero entre tantas cosas tan perdidas
no es posible aceptar la salvación.

Y las manos, sin darse cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón.



EL CORAZÓN MÁS PLANO DE LA TIERRA...

El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
y yo tuve vergüenza de la mía.

Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados.

Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llenan de águilas.

El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada.

EL SILENCIO QUE QUEDA ENTRE DOS PALABRAS

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector.

ESTOY CONTIGO

Estoy contigo.
Pero por encima de tu hombro
me dice adiós tu mano que se aleja.

Entonces yo contengo mi mano
para que no nos traicione ella también.

E insisto:
estoy contigo.
Los innegables títulos del adiós
abandonan entonces provisoriamente sus derechos.

Y nuestras manos se aquietan
en las equidistancias de estar juntos.

HEMOS AMADO JUNTOS TANTAS COSAS...

Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados.
Parece que se hubieran alejado de pronto
o que el amor fuera una hormiga
escalando los declives del cielo.

Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones,
vigilancia de cuerpos sin presencia.

Hemos perdido juntos tanta nada
que el hábito persiste y se da vuelta
y ahora todo es ganancia de la nada.
El tiempo se convierte en antitiempo
porque ya no lo piensas.

Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación,
dos sustitutos.

Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.

Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.

LA MANO SE EXTIENDE

La mano se extiende,
pero a mitad de camino
a detiene una imagen.
Y se marcha entonces con ella,
no para poseerla
sino tan sólo para entrar en su juego.
La mano ha comenzado a enamorarse en el camino
y así la posesión y el don se le escapan.
La mano ha cambiado su destino
por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,
sino un abandono a las mareas que no tienen costa
o a los desequilibrios de una sabiduría diferente.
La mano ha renunciado a su objeto
y ha adquirido el valor de su distracción.
La mano ha renunciado a salvarse.

LA VIDA NOS ACORTA LA VISTA

La vida nos acorta la vista
y nos alarga la mirada.
¿Cómo poner otra figura en el paisaje
sin desarticularlo como una feria invadida por la tristeza,
sin que las nubes o los árboles se despeguen
y salten como muñecos desarmados?
¿Cómo poner una palabra en el paisaje
sin que el silencio se asuste
igual que un animal sorprendido en el bosque
o como una procesión que ha perdido su imagen?
¿Cómo poner una muerte en el paisaje
sin que se vuelva frío
y se sumerja como una flauta
con todos los agujeros tapados?
¿Cómo alargar un sueño
hasta que sea un punto en el paisaje,
una figura, una palabra o la muerte,
sin que el paisaje se desintegre como una burbuja?
Nosotros ya no podemos dejar de estar en el paisaje siguiente,
aunque sea un paisaje en blanco.


LAS DISTANCIAS...

Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.


LEVANTAR EL PAPEL DONDE ESCRIBIMOS...

Levantar el papel donde escribimos
y revisar mejor debajo

Levantar cada palabra que encontramos
y examinar mejor debajo

Levantar cada hombre
y observar mejor debajo

Levantar a la muerte
y escudriñar mejor debajo

Y si miramos bien
siempre hallaremos otra huella.
No servirá para poner el pie
ni para aposentar el pensamiento
pero ella nos probará
que alguien más ha pasado por aquí.


ME VISITÓ UNA NUBE...

Me visitó una nube.
y me dejó al marcharse
su contorno de viento.

Me visitó una sombra.
Y me dejó al marcharse
el peso de otro cuerpo.

Me visitó una ráfaga de imágenes.
Y me dejó al marcharse
la irreligión del sueño.

Me visitó una ausencia.
Y me dejó al marcharse
mi imagen en el tiempo.

Yo visito la vida.
Le dejaré al marcharme
la gracia de estos restos.

MENOS QUE EL CIRCO AJADO DE TUS SUEÑOS

Menos que el circo ajado de tus sueños
y que el signo ya roto entre tus manos.
Menos que el lomo absorto de tus libros
y que el libro escondido
de páginas en blanco.
Menos que los amores que tuviste
y que el tizne que alarga los amores.
Menos que el dios que alguna vez fue ausencia
y hoy ni siquiera es ausencia.
Menos que el cielo que no tiene estrellas,
menos que el canto que perdió su música,
menos que el hombre que vendió su hambre,
menos que el ojo seco de los muertos,
menos que el humo que olvidó su aire.

Y ya en la zona del más puro menos
colocar todavía un signo menos
y empezar hacia atrás a unir de nuevo
la primera palabra,
a unir su forma de contacto oscuro,
su forma anterior a sus letras,
la vértebra inicial del verbo oblicuo
donde se funda el tiempo transparente
del firme aprendizaje de la nada.
y tener buen cuidado
de no errar otra vez el camino
y aprender nuevamente
la farsa de ser algo.

NO SE TRATA DE HABLAR...

No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.


NO TENEMOS UN LENGUAJE

No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen.
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto.
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de un mundo.
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia.

POESÍA VERTICAL 3

¿Por qué las hojas ocupan el lugar de las hojas
y no el que queda entre las hojas?
¿Por qué tu mirada ocupa el hueco que está delante de la razón
y no el que está detrás?
¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también muere la sombra?
¿Por qué se afina el corazón del aire
hasta que la canción se vuelve otro vacío en el vacío?
¿Por qué no callas en el sitio exacto
donde morir es la presencia justa
suspendida del árbol de vivirse?
¿Por qué estas rayas donde el cuerpo cesa
y no otro cuerpo y otro cuerpo y otro?
¿Por qué esta curva del porqué y no el signo
de una recta sin fin y un punto encima?

POESÍA VERTICAL 7

Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.

Es el aprendizaje
que se convierte en lo aprendido,
el pleno aprendizaje
que después no se resigna
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.

El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.

POESÍA VERTICAL 14

He encontrado el lugar justo donde se ponen las manos,
a la vez mayor y menor que ellas mismas.

He encontrado el lugar
donde las manos son todo lo que son
y también algo más.

Pero allí no he encontrado
algo que estaba seguro de encontrar:
otras manos esperando las mías.


POESÍA VERTICAL 18

Fisuras interiores,
grietas por donde se filtra gota a gota
el líquido espeso y apremiante
de esa invasión profunda
que llamamos oración.
La oración, que no es algo que se reza
sino una inclasificable sustancia
que no está hecha de un decir,
aunque a veces se abrigue con palabras
o fragmentos de palabras,
como el sueño se viste de fábulas rotas,
con desarticuladas historias que descarrilan al pensamiento
y encarrilan, en cambio, el sagrado estupor
que tapiza el lado oculto de los seres.
La oración y el sueño se parecen:
son dos entidades o elementos
que gotean en los entresijos de una nada
que se asemeja a algo.
¿Qué ocurriría si se abrieran de pronto
esos lentos arcaduces,
esos estrechos canales
por donde se filtra la oración
y quizá también el sueño?
¿Se mezclarían ambos acaso?
¿Un torrente arrastraría al hombre
desde su propio interior?
¿O tal vez sólo la oración continuaría goteando,
implacablemente goteando
con el mismo ritmo y la misma medida
por la imprevista abertura?
Es probable que la oración sea una parte fija,
una porción estable
de la naturaleza de cada hombre,
la aplicación de una discretísima posología,
una cuota inmodificable como el sueño.
La dosis establecida
de una extraño y casi abrumador rescate
que llevamos en el centro
de nuestra propia sustancia.

POESÍA VERTICAL 24

Darlo todo por perdido.
Allí comienza lo abierto.

Entonces cualquier paso
puede ser el primero.
O cualquier gesto logra
sumar todos los gestos.

Darlo todo por perdido
Dejar que se abran solas
las puertas que faltan.

O mejor:
dejar que no se abran.

PORQUE ESTA NOCHE DUERMES LEJOS...

Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.

Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.

Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.

Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.

ROSTRO CONTRA ROSTRO...

Rostro contra rostro,
piedra contra piedra,
para que el tiempo no se pudra
y conserve su forma de cinta de colores.

Tiempo contra tiempo
paciencia contra paciencia,
hasta que la piedra tome el dibujo del rostro
y el rostro la carne de la piedra.

Corriente de la mirada que no cambia
si mira o si no mira,
de la mano que es igual cuando toma y cuando da,
del corazón análogo para quedarse o para irse.

Piel contra piel,
mundo contra mundo,
tierra contra la tierra
y también contra el cielo,
hija de antiguos hijos,
bandera para el viento que ella misma ha engendrado.

Entre el sol y el maíz,
entre la lluvia y la muerte,
pájaro contra pájaro,
luz contra luz,
flor contra flor,
secreto de cobre amalgamado
con metal que respira,
brujería de un humo que desciende
a descontar los siglos.

Sed contra sed,
vaso para beber el vaso
y derramar el mundo.

SI HAS PERDIDO...

Si has perdido tu nombre,
recobraremos la puntada de las calles
más solas
para llamarte sin nombrarte.

Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus
muros.

Si has perdido el amor,
publicaremos un gran bando de palomas
desnudas
para atrasar la vida y darte tiempo.

Si has perdido tus límites,
recorreremos el cruento laberinto
hasta alzar otra forma desde el fondo.

Si has perdido tus ecos o tu origen,
los buscaremos, pero hacia adelante,
en el templo final de los orígenes.

Solamente si has perdido tu pérdida,
cortaremos el hilo
para empezar de nuevo.




UN AMOR MAS ALLÁ DEL AMOR...

Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.

VOY A ALARGAR CAMINOS DE CARICIA...

Voy a alargar caminos de caricia,
con algo de dulzura entre los dientes
y un garabato tibio en los cabellos,
para que el poco sueño que aún nos queda
no se nos caiga.

Voy a alumbrar tu rostro mientras duermes
y mirarlo al revés, donde no duerme.

Voy a juntar raíces por el aire,
catálogos de nieves que no caen
y sitios para párpados.

Voy a tomar al hombre por el centro
y tirarlo a rodar, a ver si llega.

Voy a tomarme a mí, ya me he tomado,
para enlazar de nuevo los cristales
con un redondo material sin tiempo.

Voy a cortar las puntas de la vida
como unas uñas demasiado largas.

SENSINI cuento de Roberto Bolaño

La forma en que se desarrolló mi amistad con Sensini sin duda se sale de lo corriente. En aquella época yo tenía veintitantos años y era más pobre que una rata. Vivía en las afueras de Girona, en una casa en ruinas que me habían dejado mi hermana y mi cuñado tras marcharse a México y acababa de perder un trabajo de vigilante noctumo en un camping de Barcelona, el cual había acentuado mi disposición a no dormir durante las noches. Casi no tenía amigos y lo único que hacía era escribir y dar largos paseos que comenzaban a las siete de la tarde, tras despertar, momento en el cual mi cuerpo experimentaba algo semejante al jetlag, una sensación de estar y no estar, de distancia con respecto a lo que me rodeaba, de indefinida fragilidad. Vivía con lo que había ahorrado durante el verano y aunque apenas gastaba, mis ahorros iban menguando al paso del otono. Tal vez eso fue lo que me impulsó a participar en el Concurso Nacional de Literatura de Alcoy, abierto a escritores de lengua castellana, cualquiera que fuera su nacionalidad y lugar de residencia. EI premio estaba dividido en tres modalidades: poesía, cuento y ensayo. Primero pensé en presentarme en poesía, pero enviar a luchar con los leones (o con las hienas) aquello que era lo que mejor hacía me pareció indecoroso. Después pensé en presentarme en ensayo, pero cuando me enviaron las bases descubrí que éste debía versar sobre Alcoy, sus alrededores, su historia, sus hombres ilustres, su proyección en el futuro y eso me excedía. Decidí, pues, presentarme en cuento y envié por triplicado el mejor que tenía (no tenía muchos) y me senté a esperar.
Cuando el premio se falló trabajaba de vendedor ambulante en una feria de artesanía en donde absolutamente nadie vendía artesanias. Obtuve el tercer accésit y diez mil pesetas que el Ayuntamiento de Alcoy me pagó religiosamente. Poco después me llegó el libro, en el que no escaseaban las erratas, con el ganador y los seis finalistas. Por supuesto, mi cuento era mejor que el que se había llevado el premio gordo, lo que me llevó a maldecir al jurado y a decirme que, en fin, eso siempre pasa. Pero lo que realmente me sorprendió fue encontrar en el mismo libro a Luis Antonio Sensini, el escritor argentino, segundo accésit, con un cuento en donde el narrador se iba al campo y alIí se Ie moría su hijo o con un cuento en donde el narrador se iba al campo porque en la ciudad se Ie había muerto su hijo, no quedaba nada claro, lo cierto es que en el campo, un campo plano y más bien yermo, el hijo del narrador se seguía muriendo, en fin, el cuento era claustrofóbico, muy al estilo de Sensini, de los grandes espacios geográficos de Sensini que de pronto se achicaban hasta tener el tamaño de un ataúd, y superior al ganador y al primer accésit y tambien superior al tercer accésit y al cuarto, quinto y sexto.
No sé qué fue lo que me impulsó a pedirle al Ayuntamiento de Alcoy la dirección de Sensini. Yo había leído una novela suya y algunos de sus cuentos en revistas latinoamericanas. La novela era de las que hacen lectores. Se llamaba Ugarte y trataba sobre algunos momentos de la vida de Juan de Ugarte, burócrata en el Virreinato del Río de la Plata a finales del siglo XVIII. Algunos críticos, sobre todo españoles, la habían despachado diciendo que se trataba de una especie de Kafka colonial, pero poco a poco la novela fue haciendo sus propios lectores y para cuando me encontré a Sensini en el libro de cuentos de Alcoy, Ugarte tenía repartidos en varios rincones de América y España unos pocos y fervorosos lectores, casi todos amigos o enemigos gratuitos entre sí. Sensini, por descontado, tenía otros libros, publicados en Argentina o en editoriales españolas desaparecidas, y pertenecía a esa generación intermedia de escritores nacidos en los años veinte, después de Comzar, Bioy, Sábato, Mujica Lainez, y cuyo exponente más conocido (al menos por entonces, al menos para mí) era Haroldo Conti, desaparecido en uno de los campos especiales de la dictadura de Videla y sus secuaces. De esta generación (aunque tal vez la palabra generación sea excesiva) quedaba poco, pero no por falta de brillantez o talento; seguidores de Roberto Arlt, periodistas y profesores y traductores, de alguna manera auguraron lo que vendría a continuación, y lo anunciaron a su manera triste y escéptica que al final se los fue tragando a todos.
A mí me gustaban. En una época lejana de mi vida había leído las obras de teatro de Abelardo Castillo, los cuentos de Rodolfo Walsh (como Conti asesinado por la dictadura), los cuentos de Daniel Moyano, lecturas parciales y fragmentadas que ofrecían las revistas argentinas o mexicanas o cubanas, libros encontrados en las librerías de viejo del D.F., antologías piratas de la literatura bonaerense, probablemente la mejor en lengua española de este siglo, literatura de la que ellos formaban parte y que no era ciertamente la de Borges o Cortázar y a la que no tardarían en dejar atras Manuel Puig y Osvaldo Soriano, pero que ofrecía al lector textos compactos, inteligentes, que propiciaban la complicidad y la alegría. Mi favorito, de más está decirlo, era Sensini, y el hecho de alguna manera sangrante y de alguna manera halagador de encontrármelo en un concurso literario de provincias me impulsó a intentar establecer contacto con él, saludarlo, decirle cuánto lo quería.
Así pues, el Ayuntamiento de Alcoy no tardó en enviarme su dirección, vivía en Madrid, y una noche, después de cenar o comer o merendar, Ie escribí una larga carta en donde hablaba de Ugarte, de los otros cuentos suyos que había leído en revistas, de mí, de mi casa en las afueras de Girona, del concurso literario (me reía del ganador), de la situación política chilena y argentina (todavía estaban bien establecidas ambas dictaduras), de los cuentos de Walsh (que era el otro a quien más quería junto con Sensini), de la vida en España y de la vida en general. Contra lo que esperaba, recibí una carta suya apenas una semana después. Comenzaba dándome las gracias por la mía, decía que en efecto el Ayuntamiento de Alcoy también Ie había enviado a él el libro con los cuentos galardonados pero que, al contrario que yo, él no había encontrado tiempo (aunque después, cuando volvía de forma sesgada sobre el mismo tema, decía que no había encontrado ánimo suficiente) para repasar el relato ganador y los accésits, aunque en estos días se había leído el mío y lo había encontrado de calidad, «un cuento de primer orden», decía, conservo la carta, y al mismo tiempo me instaba a perseverar, pero no, como al principio entendí, a perseverar en la escritura sino a perseverar en los concursos, algo que él, me aseguraba, también haría. Acto seguido pasaba a preguntarme por los certámenes literarios que se «avizoraban en el horizonte», encomiándome que apenas supiera de uno se lo hiciera saber en el acto. En contrapartida me adjuntaba las señas de dos concursos de relatos, uno en Plasencia y el otro en Ecija, de 25.000 y 30.000 pesetas respectivamente, cuyas bases según pude comprobar más tarde extraía de periódicos y revistas madrileñas cuya sola existencia era un crimen o un milagro, depende. Ambos concursos aún estaban a mi alcance y Sensini terminaba su carta de manera más bien entusiasta, como si ambos estuviéramos en la línea de salida de una carrera interminable, amén de dura y sin sentido. «Valor y a trabajar», decía.
Recuerdo que pensé: qué extraña carta; recuerdo que releí algunas capitulos de Ugarte, por esos días aparecieron en la plaza de los cines de Girona los vendedores ambulantes de libros, gente que montaba sus tenderetes alrededor de la plaza y que ofrecía mayormente stocks invendibles, los saldos de las editoriales que no hacía mucho habían quebrado, libros de la Segunda Guerra Mundial, novelas de amor y de vaqueros, colecciones de postales. En uno de los tenderetes encontré un libro de cuentos de Sensini y lo compré. Estaba como nuevo -de hecho era un libro nuevo, de aquellos que las editoriales venden rebajados a los únicos que mueven este material, los ambulantes, cuando ya ninguna librería, ningún distribuidor quiere meter las manos en ese fuego- y aquella semana fue una semana Sensini en todos los sentidos. A veces releía por centésima vez su carta, otras veces hojeaba Ugarte, y cuando quería acción, novedad, leía sus cuentos. Estos, aunque trataban sobre una gama variada de temas y situaciones, generalmente se desarrollaban en el campo, en la pampa, y eran lo que al menos antiguamente se llamaban historias de hombres a caballo. Es decir historias de gente armada, desafortunada, solitaria o con un peculiar sentido de la sociabilidad. Todo lo que en Ugarte era frialdad, un pulso preciso de neurocirujano, en el libro de cuentos era calidez, paisajes que se alejaban del lector muy lentamente (y que a veces se alejaban con el lector), personajes valientes y a la deriva.
En el concurso de Plasencia no alcancé a participar, pero en el de Ecija sí. Apenas hube puesto los ejemplares de mi cuento (seudónimo: Aloysius Acker) en el correo, comprendí que si me quedaba esperando el resuItado las cosas no podían sino empeorar. Así que decidí buscar otros concursos y de paso cumplir con el pedido de Sensini. Los días siguientes, cuando bajaba a Girona, los dediqué a trajinar periódicos atrasados en busca de información: en algunos ocupaban una columna junto a ecos de sociedad, en otros aparecían entre sucesos y deportes, el más serio de todos los situaba a mitad de camino del informe del tiempo y las notas necrológicas, ninguno, claro, en las páginas cuIturales. Descubrí, asimismo, una revista de la Generalitat que entre becas, intercambios, avisos de trabajo, cursos de posgrado, insertaba anuncios de concursos literarios, la mayoría de ámbito catalán y en lengua catalana, pero no todos. Pronto tuve tres concursos en ciernes en los que Sensini y yo podíamos participar y Ie escribí una carta.
Como siempre, la respuesta me llegó a vuelta de correo. La carta de Sensini era breve. Contestaba algunas de mis preguntas, la mayoría de ellas relativas a su libro de cuentos recién comprado, y adjuntaba a su vez las fotocopias de las bases de otros tres concursos de cuento, uno de ellos auspiciado por los Ferrocarriles del Estado, premio gordo y diez finalistas a 50.000 pesetas por barba, decía textualmente, el que no se presenta no gana, que por la intención no quede. Le contesté diciéndole que no tenía tantos cuentos como para cubrir los seis concursos en marcha, pero sobre todo intenté tocar otros temas, la carta se me fue de la mano, Ie hablé de viajes, amores perdidos, Walsh, Conti, Francisco Urondo, Ie pregunté por Gelman al que sin duda conocía, terminé contándole mi historia por capítulos, siempre que hablo con argentinos terminó enzarzándome con el tango y el laberinto, les sucede a muchos chilenos.
La respuesta de Sensini fue puntual y extensa, al menos en lo tocante a la producción y los concursos. En un folio escrito a un solo espacio y por ambas caras exponía una suerte de estrategia general con respecto a los premios literarios de provincias. Le hablo por experiencia, decía. La carta comenzaba por santificarlos (nunca supe si en serio o en broma); fuente de ingresos que ayudaban al diario sustento. Al referirse a las entidades patrocinadoras, ayuntamientos y cajas de ahorro, decía «esa buena gente que cree en la literatura», o «esos lectores puros y un poco forzados». No se haga en cambio ninguna ilusión con respecto a la información de la «buena gente», los lectores que previsiblemente (o no tan previsiblemente) consumirían aquellos libros invisibles. Insistía en que participara en el mayor número posible de premios, aunque sugería que como medida de precaución les cambiara el título a los cuentos si con uno solo, por ejemplo, acudía a tres concursos cuyos fallos coincidían por las mismas fechas. Exponía como ejemplo de esto su relato "Al amanecer", relato que yo no conocía, y que el había enviado a varios certámenes literarios casi de manera experimental, como el conejillo de Indias destinado a probar los efectos de una vacuna desconocida. En el primer concurso, el mejor pagado, Al amanecer fue como Al amanecer, en el segundo concurso se presentó como Los gauchos, en el tercer concurso su titulo era En la otra pampa, y en el último se llamaba Sin remordimientos. Ganó en el segundo y en el último, y con la plata obtenida en ambos premios pudo pagar un mes y medio de alquiler, en Madrid los precios estaban por las nubes. Por supuesto, nadie se enteró de que Los gauchos y Sin remordimientos eran el mismo cuento con el título cambiado, aunque siempre existía el riesgo de coincidir en más de una lista con un mismo jurado, oficio singular que en España ejercían de forma contumaz una pléyade de escritores y poetas menores o autores laureados en anteriores fiestas. El mundo de la literatura es terrible, además de ridículo, decía. Y añadía que ni siquiera el repetido encuentro con un mismo jurado constituía de hecho un peligro, pues estos generalmente no leían las obras presentadas o las leían por encima o las leían a medias. Y a mayor abundamiento, decía, quién sabe si Los gauchos y Sin remordimientos no sean dos relatos distintos cuya singularidad resida precisamente en el título. Parecidos, incluso muy parecidos, pero distintos. La carta concluía enfatizando que lo ideal sería hacer otra cosa, por ejemplo vivir y escribir en Buenos Aires, sobre el particular pocas dudas tenía, pero que la realidad era la realidad, y uno tenía que ganarse los porotos (no se si en Argentina llaman porotos a las judías, en Chile sí) y que por ahora la salida era esa. Es como pasear por la geografía española, decía. Voy a cumplir sesenta años, pero me siento como si tuviera veinticinco, afirmaba al final de la carta o tal vez en la posdata. Al principio me pareció una declaración muy triste, pero cuando la leí por segunda o tercera vez comprendí que era como si me dijera: ¿cuántos años tenes vos, pibe? Mi respuesta, lo recuerdo, fue inmediata. Le dije que tenía veintiocho, tres más que él. Aquella mañana fue como si recuperara si no la felicidad, si la energía, una energía que se parecía mucho al humor, un humor que se parecía mucho a la memoria.
No me dediqué, como me sugería Sensini, a los concursos de cuentos, aunque si participé en los últimos que entre él y yo habíamos descubierto. No gané en ninguno, Sensini volvió a hacer doblete en Don Benito y en Ecija, con un relato que originalmente se titulaba Los sables y que en Ecija se llamó Dos espadas y en Don Benito El tajo más profundo. Y ganó un accésit en el premio de los ferrocarriles, lo que Ie proporcionó no solo dinero sino también un billete franco para viajar durante un año por la red de la Renfe.
Con el tiempo fui sabiendo más cosas de él. Vivía en un piso de Madrid con su mujer y su única hija, de diecisiete años, llamada Miranda. Otro hijo, de su primer matrimonio, andaba perdido par Latinoamérica o eso quería creer. Se llamaba Gregorio, tenía treinta y cinco años, era periodista. A veces Sensini me contaba de sus diligencias en organismos humanitarios o vinculados a los departamentos de derechos humanos de la Union Europea para averiguar el paradero de Gregorio. En esas ocasiones las cartas solían ser pesadas, monotonas, como si mediante la descripcion del laberinto burocrático Sensini exorcizara a sus propios fantasmas. Dejé de vivir con Gregorio, me dijo en una ocasion, cuando el pibe tenía cinco años. No añadía nada más, pero yo vi a Gregorio de cinco años y vi a Sensini escribiendo en la redacción de un periódico y todo era irremediable. También me pregunté por el nombre y no sé por qué llegué a la conclusión de que había sido una suerte de homenaje inconsciente a Gregorio Samsa. Esto último, por supuesto, nunca se lo dije. Cuando hablaba de Miranda, por el contrario, Sensini se ponía alegre. Miranda era joven, tenía ganas de comerse el mundo, una curiosidad insaciable, y además, decía, era linda y buena. Se parece a Gregorio, decía, solo que Miranda es mujer (obviamente) y no tuvo que pasar por lo que pasó mi hijo mayor.
Poco a poco las cartas de Sensini se fueron haciendo más largas. Vivía en un barrio desangelado de Madrid, en un piso de dos habitaciones más sala comedor, cocina y baño. Saber que yo disponía de más espacio que él me pareció sorprendente y después injusto. Sensini escribía en el comedor, de noche, «cuando la señora y la nena ya están dormidas», y abusaba del tabaco. Sus ingresos provenían de unos vagos trabajos editoriales (creo que corregía traduciones) y de los cuentos que salían a pelear a provincias. De vez en cuando Ie llegaba algún cheque por alguno de sus numerosos libros publicados, pero la mayoría de las editoriales se hacían las olvidadizas o habían quebrado. EI título que seguía produciendo dinero era Ugarte, cuyos derechos tenía una editorial de Barcelona. Vivía, no tardé en comprenderlo, en la pobreza, no una pobreza absoluta sino una de clase media baja, de clase media desafortunada y decente. Su mujer (que ostentaba el curioso nombre de Carmela Zajdman) trabajaba ocasionalmente en labores editoriales y dando clases particulares de inglés, francés y hebreo, aunque en más de una ocasión se había visto abocada a realizar faenas de limpieza. La hija solo se dedicaba a los estudios y su ingreso en la universidad era inminente. En una de mis cartas Ie pregunté a Sensini si Miranda también se iba a dedicar a la literatura. En su respuesta decía: no, por Dios, la nena estudiará medieina.
Una noche Ie escribí pidiéndole una foto de su familia. Sólo despues de dejar la carta en el correo me di cuenta de que lo que quería era conocer a Miranda. Una semana después me llegó una fotografía tomada seguramente en el Retiro en donde se veía a un viejo y a una mujer de mediana edad junto a una adolescente de pelo liso, delgada y alta, con los pechos muy grandes. EI viejo sonreía feliz, la mujer de mediana edad miraba el rostro de su hija, como si Ie dijera algo, y Miranda contemplaba al fotógrafo con una seriedad que me resultó conmovedora e inquietante. Junto a la foto me envió la fotocopia de otra foto. En esta aparecía un tipo más o menos de mi edad, de rasgos acentuados, los labios muy delgados, los pómulos pronunciados, la frente amplia, sin duda un tipo alto y fuerte que miraba a la cámara (era una foto de estudio) con seguridad y acaso con algo de impaciencia. Era Gregorio Sensini, antes de desaparecer, a los veintidós años, es decir bastante más joven de lo que yo era entonces, pero con un aire de madurez que lo hacía parecer mayor.
Durante mucho tiempo la foto y la fotocopia estuvieron en mi mesa de trabajo. A veces me pasaba mucho rato contemplándolas, otras veces me las lIevaba al dormitorio y las miraba hasta caerme dormido. En su carta Sensini me había pedido que yo también les enviara una foto mía. No tenía ninguna reciente y decidí hacerme una en el fotomatón de la estación, en esos años el único fotomatón de toda Girona. Pero las fotos que me hice no me gustaron. Me encontraba feo, flaco, con el pelo mal cortado. Así que cada día iba postergando el envío de mi foto y cada día iba gastando más dinero en el fotomatón. Finalmente cogí una al azar, la metí en un sobre junto con una postal y se la envié.
La respuesta tardó en lIegar. En el interín recuerdo que escribí un poema muy largo, muy malo, lIeno de voces y de rostros que parecían distintos pero que sólo eran uno, el rostro de Miranda Sensini, y que cuando yo por fin podía reconocerlo, nombrarlo, decirle Miranda, soy yo, el amigo epistolar de tu padre, ella se daba media vuelta y echaba a correr en busca de su hermano, Gregorio Samsa, en busca de los ojos de Gregorio Samsa que brillaban al fondo de un corredor en tinieblas donde se movían imperceptiblemente los bultos oscuros del terror latinoamericano. La respuesta fue larga y cordial. Decía que Carmela y él me encontraron muy simpático, tal como me imaginaban, un poco flaco, tal vez, pero con buena pinta y que también les había gustado la postal de la catedral de Girona que esperaban ver personalmente dentro de poco, apenas se hallaran más desahogados de algunas contingencias económicas y domésticas. En la carta se daba por entendido que no solo pasarían a verme sino que se alojarían en mi casa. De paso me ofrecían la suya para cuando yo quisiera ir a Madrid. La casa es pobre, pero tampoco es limpia, decía Sensini imitando a un famoso gaucho de tira cómica que fue muy famoso en el Cono Sur a principios de los setenta. De sus tareas literarias no decía nada. Tampoco hablaba de los concursos.
Al principio pensé en mandarle a Miranda mi poema, pero después de muchas dudas y vacilaciones decidí no hacerlo. Me estoy volviendo loco, pensé, si Ie mando esto a Miranda se acabaron las cartas de Sensini y además con toda la razón del mundo. Así que no se lo mandé. Durante un tiempo me dediqué a rastrearle bases de concursos. En una carta Sensini me decía que temía que la cuerda se Ie estuviera acabando. Interpreté sus palabras erroneamente, en el sentido de que ya no tenía suficientes certámenes literarios adonde enviar sus relatos.
Insistí en que viajaran a Girona. Les dije que Carmela y el tenían mi casa a su disposicion, incluso durante unos días me obligué a limpiar, barrer, fregar y sacarle el polvo a las habitaciones en la seguridad (totalmente infundada) de que ellos y Miranda estaban al caer. Argüí que con el billete abierto de la Renfe en realidad solo tendrían que comprar dos pasajes, uno para Carmela y otro para Miranda, y que Cataluña tenía cosas maravillosas que ofrecer al viajero. Hablé de Barcelona, de Olot, de la Costa Brava, de los días felices que sin duda pasaríamos juntos. En una larga carta de respuesta, en donde me daba las gracias por mi invitación, Sensini me informaba que por ahora no podían moverse de Madrid. La carta, por primera vez, era confusa, aunque a eso de la mitad se ponía a hablar de los premios (creo que se había ganado otro) y me daba ánimos para no desfallecer y seguir participando. En esta parte de la carta hablaba también del oficio de escritor, de la profesión, y yo tuve la impresión de que las palabras que vertía eran en parte para mí y en parte un recordatorio que se hacía a sí mismo. EI resto, como ya digo, era confuso. AI terminar de leer tuve la impresión de que alguien de su familia no estaba bien de salud.
Dos o tres meses después me lIegó la noticia de que probablemente habían encontrado el cadaver de Gregorio en un cementerio clandestino. En su carta Sensini era parco en expresiones de dolor, sólo me decía que tal día, a tal hora, un grupo de forenses, miembros de organizaciones de derechos humanos, una fosa común con más de cincuenta cadaveres de jóvenes, etc. Por primera vez no tuve ganas de escribirle. Me hubiera gustado lIamarlo por teléfono, pero creo que nunca tuvo teléfono y si lo tuvo yo ignoraba su número. Mi contestación fue escueta. Le dije que lo sentía, aventuré la posibilidad de que tal vez el cadaver de Gregorio no fuera el cadaver de Gregorio.
Luego llegó el verano y me puse a trabajar en un hotel de la costa. En Madrid ese verano fue pródigo en conferencias, cursos, actividades culturales de toda índole, pero en ninguna de ellas participó Sensini y si participó en alguna el periódico que yo leía no lo reseñó.
A finales de agosto Ie envié una tarjeta. Le decía que posiblemente cuando acabara la temporada fuera a hacerle una visita. Nada más. Cuando volví a Girona, a mediados de septiembre, entre la poca correspondencia acumulada bajo la puerta encontré una carta de Sensini con fecha 7 de agosto. Era una carta de despedida. Decía que volvía a la Argentina, que con la democracia ya nadie Ie iba a hacer nada y que por tanto era ocioso permanecer más tiempo fuera. Además, si quería saber a ciencia cierta el destino final de Gregorio no había más remedio que volver. Carmela, por supuesto, regresa conmigo, anunciaba, pero Miranda se queda. Le escribí de inmediato, a la misma dirección que tenía, pero no recibí respuesta.
Poco a poco me fui haciendo a la idea de que Sensini había vuelto para siempre a la Argentina y que si no me escribía el desde alIí ya podía dar por acabada nuestra relación epistolar. Durante mucho tiempo estuve esperando su carta o eso creo ahora, al recordarlo. La carta de Sensini, por supuesto, no llegó nunca. La vida en Buenos Aires, me consolé, debía de ser rápida, explosiva, sin tiempo para nada, solo para respirar y parpadear. Volví a escribirle a la dirección que tenía de Madrid, con la esperanza de que Ie hicieran llegar la carta a Miranda, pero al cabo de un mes el correo me la devolvió por ausencia del destinatario. Así que desistí y dejé que pasaran los días y fui olvidando a Sensini, aunque cuando iba a Barcelona, muy de tanto en tanto, a veces me metía tardes enteras en librerías de viejo y buscaba sus libros, los libros que yo conocía de nombre y que nunca iba a leer. Pero en las librerías solo encontré viejos ejemplares de Ugarte y de su libro de cuentos publicado en Barcelona y cuya editorial había hecho suspensión de pagos, casi como una señal dirigida a Sensini, dirigida a mí.
Uno o dos años después supe que había muerto. No sé en que periódico leí la noticia. Tal vez no la leí en ninguna parte, tal vez me la contaron, pero no recuerdo haber hablado por aquellas fechas con gente que lo conociera, por lo que probablemente debo de haber leído en alguna parte la noticia de su muerte. Esta era escueta: el escritor argentino Luis Antonio Sensini, exiliado durante algunos años en España, había muerto en Buenos Aires. Creo que también, al final, mencionaban Ugarte. No sé por qué, la noticia no me impresionó. No sé por qué, el que Sensini volviera a Buenos Aires a morir me pareció lógico.
Tiempo después, cuando la foto de Sensini, Carmela y Miranda y la fotocopia de la foto de Gregorio reposaban junto con mis demás recuerdos en una caja de cartón que por algún motivo que prefiero no indagar aún no he quemado, llamaron a la puerta de mi casa. Debían de ser las doce de la noche, pero yo estaba despierto. La llamada, sin embargo, me sobresaltó. Ninguna de las pocas personas que conocía en Girona hubieran ido a mi casa a no ser que ocurriera algo fuera de lo normal. Al abrir me encontré a una mujer de pelo largo debajo de un gran abrigo negro. Era Miranda Sensini, aunque los años transcurridos desde que su padre me envió la foto no habían pasado en vano. Junto a ella estaba un tipo rubio, alto, de pelo largo y nariz ganchuda. Soy Miranda Sensini, me dijo con una sonrisa. Ya lo sé, dije yo y los invité a pasar. Iban de viaje a Italia y luego pensaban cruzar el Adriático rumbo a Grecia. Como no tenían mucho dinero viajaban haciendo autostop. Aquella noche durmieron en mi casa. Les hice algo de cenar. EI tipo se llamaba Sebastián Cohen y también había nacido en Argentina, pero desde muy joven vivía en Madrid. Me ayudó a preparar la cena mientras Miranda inspeccionaba la casa. ¿Hace mucho que la conoces?, preguntó. Hasta hace un momento solo la había visto en foto, Ie contesté.
Después de cenar les preparé una habitación y les dije que se podían ir a la cama cuando quisieran. Yo también pensé en meterme a mi cuarto y dormirme, pero comprendí que aquello iba a resultar dificil, sino imposible, así que cuando supuse que ya estaban dormidos bajé a la primera planta y puse la tele, con el volumen muy bajo, y me puse a pensar en Sensini.
Poco después sentí pasos en la escalera. Era Miranda. Ella tampoco podía quedarse dormida. Se sentó a mi lado y me pidió un cigarrillo. AI principio hablamos de su viaje, de Girona (llevaban todo el día en la ciudad, no Ie pregunté por qué habían llegado tan tarde a mi casa), de las ciudades que pensaban visitar en Italia. Después hablamos de su padre y de su hermano. Según Miranda, Sensini nunca se repuso de la muerte de Gregorio. Volvió para buscarlo, aunque todos sabíamos que estaba muerto. ¿Carmela también?, pregunté. Todos, dijo Miranda, menos él. Le pregunté cómo Ie había ido en Argentina. Igual que aquí, dijo Miranda, igual que en Madrid, igual que en todas partes. Pero en Argentina lo querían, dije yo. Igual que aquí, dijo Miranda. Saqué una botella de coñac de la cocina y Ie ofrecí un trago. Estás llorando, dijo Miranda. Cuando la mire ella desvió la mirada. ¿Estabas escribiendo?, dijo. No, miraba la tele. Ouiero decir cuando Sebastián y yo llegamos, dijo Miranda, ¿estabas escribiendo? Sí, dije. ¿Relatos? No, poemas. Ah, dijo Miranda. Bebimos largo rato en silencio, contemplando las imágenes en blanco y negro del televisor. Dime una cosa, Ie dije, ¿por qué Ie puso tu padre Gregorio a Gregorio? Por Kafka, claro, dijo Miranda. ¿Por Gregorio Samsa? Claro, dijo Miranda. Ya, me lo suponía, dije yo. Después Miranda me contó a grandes trazos los últimos meses de Sensini en Buenos Aires.
Se había marchado de Madrid ya enfermo y contra la opinión de varios médicos argentinos que lo trataban gratis y que incluso Ie habían conseguido un par de internamientos en hospitales de la Seguridad Social. El reencuentro con Buenos Aires fue doloroso y feliz. Desde la primera semana se puso a hacer gestiones para averiguar el paradero de Gregorio. Ouiso volver a la universidad, pero entre trámites burocráticos y envidias y rencores de los que no faltan el acceso Ie fue vedado y se tuvo que conformar con hacer traducciones para un par de editoriales. Carmela, por el contrario, consiguió trabajo como profesora y durante los útimos tiempos vivieron exclusivamente de lo que ella ganaba. Cada semana Sensini Ie escribía a Miranda. Según ésta, su padre se daba cuenta de que Ie quedaba poca vida e incluso en ocasiones parecía ansioso de apurar de una vez por todas las últimas reservas y enfrentarse a la muerte. En lo que respecta a Gregorio, ninguna noticia fue concluyente. Según algunos forenses, su cuerpo podía estar entre el montón de huesos exhumados de aquel cementerio clandestino, pero para mayor seguridad debía hacerse una prueba de ADN, pero el gobiemo no tenía fondos o no tenía ganas de que se hiciera la prueba y esta se iba cada día retrasando un poco más. También se dedicó a buscar a una chica, una probable compañera que Goyo posiblemente tuvo en la clandestinidad, pero la chica tampoco apareció. Luego su salud se agravó y tuvo que ser hospitalizado. Ya ni siquiera escribía, dijo Miranda. Para él era muy importante escribir cada día, en cualquier condición. Sí, Ie dije, creo que así era. Después Ie pregunté si en Buenos Aires alcanzó a participar en algún concurso. Miranda me miró y se sonrió. Claro, tú eras el que participaba en los concursos con él, a ti te conoció en un concurso. Pensé que tenía mi dirección por la simple razón de que tenía todas las direcciones de su padre, pero que solo en ese momento me había reconocido. Yo soy el de los concursos, dije. Miranda se sirvió mas coñac y dijo que durante un año su padre había hablado bastante de mí. Noté que me miraba de otra manera. Debí importunarlo bastante, dije. Qué va, dijo ella, de importunarlo nada, Ie encantaban tus cartas, siempre nos las leía a mi madre y a mí. Espero que fueran divertidas, dije sin demasiada conviccion. Eran divertidísimas, dijo Miranda, mi madre incluso hasta os puso un nombre. ¿Un nombre?, ¿a quiénes? A mi padre y a ti, os llamaba los pistoleros o los cazarrecompensas, ya no me acuerdo, algo así, los cazadores de cabelleras. Me imagino por qué, dije, aunque creo que el verdadero cazarrecompensas era tu padre, yo solo Ie pasaba uno que otro dato. Sí, él era un profesional, dijo Miranda de pronto seria. ¿Cuántos premios llegó a ganar?, Ie pregunté. Unos quince, dijo ella con aire ausente. ¿Y tú? Yo por el momento solo uno, dije. Un accésit en AIcoy, por el que conocí a tu padre. ¿Sabes que Borges Ie escribió una vez una carta, a Madrid, en donde Ie ponderaba uno de sus cuentos?, dijo ella mirando su coñac. No, no lo sabía, dije yo. Y Cortázar también escribió sobre él, y también Mujica Lainez. Es que el era un escritor muy bueno, dije yo. Joder, dijo Miranda y se levantó y salió al patio, como si yo hubiera dicho algo que la hubiera ofendido. Dejé pasar unos segundos, cogí la botella de coñac y la seguí. Miranda estaba acodada en la barda mirando las luces de Girona. Tienes una buena vista desde aquí, me dijo. Le Ilené su vaso, me Ilené el mío, y nos quedamos durante un rato mirando la ciudad iluminada por la luna. De pronto me di cuenta de que ya estábamos en paz, que por alguna razón misteriosa habíamos llegado juntos a estar en paz y que de ahí en adelante las cosas imperceptiblemente comenzarían a cambiar. Como si el mundo, de verdad, se moviera. Le pregunté que edad tenía. Veintidós, dijo. Entonces yo debo tener mas de treinta, dije, y hasta mi voz sonó extraña.

Roberto Bolaño

Poemas de Diego Maqueira.

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Diego Maquieira Astaburuaga, poeta y artífice plástico chileno nacido en Santiago el 10 de enero de 1951. Considerado poeta trascendente por la crítica de su país a pesar de su escasa producción literaria. Premio Pablo Neruda 1989 de la fundación del mismo nombre. Su padre fue diplomático y por ello vivió una parte de su infancia en ciudades como Nueva York, La Paz, Lima, Ciudad de México, y Quito.

Su poemario inaugural: Upsilon, fue publicado en 1975 Posteriormente publicó Bombardo (1977), La Tirana (1983), Los Sea Harrier en el firmamento de eclipses. Y Poemas de anticipo (1986), . Asimismo realizó una antología sobre el poeta Vicente Huidobro, bajo el títuilo de: El oxígeno invisible (1991) y también volvió a editar La Tirana y Los Sea Harrier, en noviembre de 2003. En octubre de 1989 participó en Estocolmo, Suecia, en el Festival Internacional de Poesía: La reconstrucción del tiempo, organizado por el poeta Sergio Badilla Castillo y la escritora Sun Axelsson, evento que congregó a los poetas chilenos más connotados de la época de los ochenta


de los sea-harrier en el firmamento de eclipses


HABÍAMOS DADO MÁS DE MIL ÓRBITAS

Habíamos dado más de mil órbitas
sobre el mar sin haber jamás arribado
a ningún cabrón puerto
Coritani nos traía por mar perdidos
algún tiempo
para después dormirse
y dejarnos otra vez perdidos
No quedaba un solo Harrier a bordo
y las cargas de armamentos y alcohol
arrojadas al mar por unas rocas
que eran como olas varadas
Ma Coritani hacía detener el viento
para salir a guerrear a cubierta
pero amodorrado por el rocío y el sueño
veía nubes que se hundían en el mar
Entonces alucinó hundir el portaaviones
hasta la mitad, hasta dejar flotando
sólo las gigantescas velas en cubierta
para que parecieran unas dunas de mármol
levantando una capilla
Mientras el arsenal de agua debajo del casco
y el mar rodeando por todos lados a la vez
hacía estremecer de gozo
a los rapsodas druidas
porque Patresca Ossavinci de una belleza
que mandaba a irse de lado al cielo
iba levantando el mármol y lo socavaba
con su cuerpo hurgándole un hombre
la ternura despiadada de un hombre
y con sus ojos hurgándole un faro.

ARS VITAE

Teníamos fuerte afición al vino
le rendíamos culto a los racimos de uva
y éramos arrogantes, crédulos
pendencieros
Preferíamos la muerte
a perder la libertad
y llevábamos la alegría del amor
hasta las puertas del infierno
hasta desafiar a la misma muerte
desnudándonos en pleno combate
o agrandándonos las heridas recibidas
Y si veíamos en peligro la vida
de nuestras mujeres y la nuestra
nos dábamos muerte por gusto continuo
Y éramos tan arrebatados en la guerra
que jamás actuábamos de acuerdo a un plan
No conocíamos ni la humildad
ni la caridad, ni la abnegación
ni la dulzura
Éramos serios y semifabulosos
y adorábamos a nuestras esposas
que adoraban el falo y el oro.


LEVANTAMOS UN FARO


Levantamos un faro en medio del mar
un faro de paredes de papiro
que usábamos para guardar los vinos
y para echarnos a beber con mujeres
pero no hacíamos nada para la posteridad
Una noche que intentamos dar Macbeth
nos demorábamos meses en darla
y se nos olvidaba en qué íbamos
Habíamos levantado un faro en el mar
para no hacer nada en la vida
y gozar desnudos y con mujeres
Ma a veces maravillados por un Mirage
por una clona que nos hacía los ojos
asaltábamos a la sexta flota española
y promovíamos graves desórdenes bajo cubierta
Pero no hacíamos nada grande la verdad
Abusábamos del amor
del ocio y del porvenir
y bebíamos hasta moverle el piso al mar.

BANQUETE FRATERNO


Domingo noche a la comida privada
que diseñamos con el canciller de Ratzi
bajo un toldo en el desierto de Al Bumba
y los dos solos como mesas de arrimo
y con nuestros gorros de Armani
fue de una ociosidad acongojante:
Mire me dijo, "y si quiere salir vivo
de aquí mejor escúcheme. Nuestra religión
no es un baile. No es una balsa de perdidos
en el mar, ni un manicomio de adivinos.
Su estructura profunda e inamovible
no es libertaria, sino sacramental
y por lo tanto, jerárquica, ¿me sigue?"
Así en ese tono me hablaba, Luchino
y me salía con implantes así como éste;
"Nuestros dogmas no son murallas
que nos impiden ver
sino ventanas abiertas al infinito".
Así igual seguía hablándome, Luchino
mientras yo chupaba mi Bellaterra
con uvas rosadas y quesos hediondos
"Nuestra liturgia no es una farándula
no es una pesadumbre que solicite
a Teresas tetonas ni a desvergonzados
Nuestra liturgia no vive de escalofríos
y sorpresas, de ocurrencias cautivadoras
sino de repeticiones solemnes".
Así seguía mientras yo seguía bebiendo
hasta que lo calmé en un momento dado
y le dije: las brevas van una maravilla


I. VOLÁBAMOS COMO UN MAR MAREADO



El cielo salió de noche como un contraeclipse

dejando de no creer a los espíritus insomnes

a las pocas mentes que aún soñaban

con parar la matanza en los enormes despachos

del convento de la Catedral de la Moneda

Mientras, los prisioneros de la luz, los celtas,

los boy george, los druidas y los hunos

levantábamos el vuelo y subíamos la luz

desde nuestros hangares fondeados

en el cañón del Urubamba, mama Perú

Volábamos en nuestros acojonantes Harrier,

volábamos como un mar mareado

jubilosos de perpetuar el ataque

a los Mig franceses de los milenaristas

que ni con todo el sopor de sus profecías

intuían esta vez la que les esperaba

Los íbamos a devolver a Dios a estos pendencieros.



II. EN UN CIELO CON DOS MIL AÑOS DE VACÍO



Ya los Harrier fuera de pantalla

en un cielo con dos mil años de vacío,

parados esperando la consagración de las utopías

con nuestros abrigos de astracán puestos

y nuestros gorros de Rembrandt

recibí la venida a ver de un olvidado amor

La Sor clona Cósima que me zampó su belleza

y que ahora venía a incendiarme mi Harrier

acusándome de besar a Judas Iscariote

abandonado a su muerte por el Mesías,

de hacer cundir el desaliento en la florería

y de pasarme al bautizo de Gaetano Stampa

La dejé ir imaginándomela como un polvo perdido

sobre mi asiento descapotado, aunque sabía

que el tocarla haría reventar la cabina

y que el amor podría significar la muerte

arruinando el sueño de la guerra infinita

Pero como un inflado émulo de Garcilaso

apenas un momento antes de sucumbir

Me sobrepuse y le recité conmovido a sus ojos:

Estoy continuo en lágrimas bañado

Rompiendo el aire siempre con suspiros;

Y más me duele nunca osar deciros

Que he llegado por vos a tal estado

Que viéndome donde estoy y lo que he andado

Por el camino estrecho de seguiros,

Si me quiero tornar para huiros,

Desmayo viendo atrás lo que he dejado;

Si a subir pruebo en la difícil cumbre,

A cada paso espántanme en la vía

Ejemplos tristes de los que han caído.

Y sobre todo, fáltame la lumbre

De la esperanza, con que andar solía

Por la oscura región de vuestro olvido.



III. CON NUESTRA LENGUA ADVERSA DE REGGIO CALABRIA


Ya ahí

mientras yendo en Harrier por estas cabronas

y mamándonos el pedazo chupado a Garcilaso

con nuestra lengua adversa de Reggio Calabria

y nuestro malogrado medio hablar español,

seguíamos levantando vuelo como nubes a remezones

y armando un toldo de recepción acá arriba,

ma mientras esperábamos la llegada de Lacunza

aunque nuevos zarpazos nos devolvían la calma

Abajo se estaba armando una guerra de sórdidos

y ya no era cosa de salir del asombro

Capellanes fantásticos apegados a sus vírgenes

patronas se encontraban viéndoselas ahora

con unos dos mil Senderos Luminosos

que les salían por todos lados allá

en esos rayones del desierto de Nasca

De no creer que esos meandros desfachatados

intentaran levantarnos el botín sagrario

Decidimos ma mientras excitados darles puntada

Les enviarnos unos Harrier con bombas de racimo

y unos cuadros de exposición de Mussorgsky

como regalo previo a la masacre, al año nuevo

que les íbamos a dar a nuestros hermanos de luz,

aunque la luz se la íbamos a llenar de humo

Cuando nuestro radar se fue copado en sombras

dándonos la señal para la emboscada del cielo

Ataque jamás pensado antes allá en Chile

por ninguna raerte de espíritu de esta centuria

Ma mientras dejamos caer nuestros cuarenta cables

lanzados desde los flaps de los Harrier

atravesando los cinturones de Van Allen

y ahorcando a los Mirage escoltas milenaristas

no caídos, no bombardeados, no redimidos

sino subidos para acá arriba como Pentecostés,

como claraboyas para no perderse el vacío eterno.



NUESTRO PORTAAVIONES A VELA
EL ATOLÓN LUCIFERINO



Después de haber dejado sollozos a los milenaristas

columpiándolos por un rato sobre los decorados

enfriamos los Harrier rumbo a guardarlos

a nuestro lujoso paquebote en medio del mar

El Atolón Luciferino con sus novecientos

metros redondos de telones

abrían los ojos a la belleza

Fue una recepción sin atentados y sin represalias

Llegamos con atados de clonas y con sacos de alcohol

Yo traía mi reposacabeza y mi sillón ampliado

para regalárselo al ministro Coritani

que nos esperaba con animales salvajes sueltos

en cubierta que parecía un desfile de abrigos

de pieles. Fue una gentilidad del Premier

habernos puesto un coche con capota de seda

tirado por cañones españoles que los druidas

usaban como monopatines.

Nada raro seguíamos chupando como feligreses

y bajábamos a abrazar a nuestros aliados

Entramos besando y festejando a las nobles familias

Genovese, Gambino, Lucchese, Colombo, Bonanno

Los alojados estrella a bordo del Luciferino

y de una alegría que los bolas milenaristas

desconocían y le temían como a sus demonios

Ma mientras nos venían rastreando unos buzos

que entonces interceptamos con esparcimiento

y les dejamos ver el momento en que saltamos

en mulas por los lados del portaaviones al mar

a bautizar a las clonas y a llenarlas de gozo

Nos quedamos ahí montándolas en medio del mar

hasta que subimos a echarnos a los toldos

de la privacidad.



EL PURPURADO DE CHAROL



No parábamos nuestra alegría de bacanal,

nuestro delirante cortejo de matanzas

y desórdenes continuos

allá abajo en el hoyo del mundo

Veníamos saliendo del Les Assassins

del restaurant Les Assassins en Chile

muy curados, curados como frambuesas,

veníamos los Giorgio Armani, los Gianni Versace

y los también Gianfranco Feltrinelli,

ya de regreso a subirnos a los Harrier

parados afuera frente a La Merced

cuando nos topamos con la abadía falsaria

Demonios,

Demonios, pero si es Georgie Boy otra vez

trayendo a sus fiambres devotos del Ayuntamiento

No sé qué infinita mala raja

lo traería hasta nosotros

pero fue precioso verlo paseándose de noche

con su sotana que parecía el acantilado.



MUERTE EN EL CIELO DE PHILLIP RASTELLI SOBRE UN MÁRMOL REMOLCADO POR LOS HARRIER



Despegamos del portaaviones Ninguna Esperanza

con los Harrier flameando

Por primera vez los hacíamos flamear

y navegábamos con el ancla abajo

para enterrar al mar hasta secarlo

Fue la impiedad

Subimos la poca vida que le quedaba a Rastelli

a un tablón de mármol y lo amarramos

Maluego amarramos el mármol a cuatro Harrier

y remolcamos a otros nueve que iban de escolta

subiendo para atrás frenados y dando elipses

en largos relevos taciturnos y eclipsando

Porque ya eclipsados desaparecían del cielo

y el mármol se movía como la marea,

mientras las Burroughs metían mente

en la coordenada subida de los Harrier

No era el momento de empezar a funerarlo

y arruinar su sueño de morir en el cielo,

pero ahí iba Rastelli despachado en el mármol

y con la mama alcohol en el abrigo

hiriendo de muerte a los poco intensos

que se quedaban ahí sollozando como

el infinito escarnio que les sacaba

Rastelli ya casi debajo del mármol

Más al cielo nos esperaban unos Harrier?Cargo

montando unos cortinajes rojos gigantes

que le habíamos pedido al coreógrafo Toesca

y que hacían entrar al cielo en penumbras

En ese parqueadero le untamos la pasta macabra

mantenida en celo por los iniciados celtas

dejándolo embalsamado en estado de explosión

Porque Rastelli iba a volar como una bandada

cuando se desmoronó sangrando en el mármol

Pero el búho infausto intuyó que venía el eclipse

y se desbandó del cortejo y apartándose zumbado

hizo cavar su alma en el tablón de mármol

para hacerles un radar a los milenaristas

y esbozarles un sueño que a sus demonios

no se les daba ni en pesadillas.



SERMÓN DADO A PHILLIP RASTELLI ANTES DE MORIR



A la balada de Cable Hogue

A Sam Peckinpah




Predícame un sermón de muerte, Luchino

No me hagan un santo

Pero no me arrojen tan profundo



Estamos reunidos aquí

Ante la vista de Dios

Y de toda su gloria

Para que descanse Phillip Rastelli

Nuestra oración es por este hombre

Compáralo con los ángeles

Si lo invitas a un buen bautizo

Pero tú sabes Señor que aun así

Podría ser uno de ellos



Como todos

Phillip Rastelli vino al mundo

Nadie sabe cuándo ni dónde

El vino tropezando en Calabria

Como un profeta antiguo

Qué bien suena eso

Pero sería mucho peor

Si no acogieras con bondad

A Phillip Rastelli



Mataba demasiado

Era codicioso como pocos

Tal vez no respetó a nadie

Pero era impecable en eso

Ricos o pobres

Recibieron sus atentados



Cuando Phillip Rastelli murió

No hubo un restaurant en Calabria

Que él no cerrara

No hubo una estrella en el firmamento

Que él no financiara

No había un hombre

A quien él temiera



Ahora la sangre que él venció y amó

Lo ha cubierto finalmente

Ya se ha ido hacia el gran torrente

De los años

De las almas que pasan

Y jamás se detienen

En varias formas él fue uno de tus reflejos, Señor

Pero si piensas que no lo es

Debes recordar que Rastelli

Vivió y murió aquí en Calabria

Y estoy seguro de que el infierno

No es tan caliente para él



Jamás fue a la cárcel de Champ Dollon

No pudiendo hacerle eso

Todo Reggio Calabria fue su mamá



Levantó su cabrón Imperio

Pero fue bastante hombre

Para abandonarlo

Por el amor

Cuando llegó el momento



Señor, como el día va hacia la noche

Esta vida llegará al final para todos

Decimos adiós a nuestro amigo

Y como dice la familia

Encontró a Dios donde no lo había

Pero conociendo a Phillip

Te sugiero, Señor

Que no lo tomes a la ligera.

07 junio, 2008

Campaña Mundial para Encender La Radioneta.

Hola!

Como saben, desde el 2004 que con mi hermano Álvaro y el Rafa Salgado tenemos el programa LIBERTAD BAJO PALABRA en La Radioneta.

Muchos y muchas de ustedes escucharon el programa, vieron nuestra aparición en el programa Flor de país de canal 13 o simplemente escucharon de la radio por ahí.

Bueno, acá van algunas informaciones importantes, porfa revisen:


Valparaíso / Chile.

Campaña Mundial para Encender La Radioneta.

pueden ingresar a: http://laradioneta.cl/





WWW.LARADIONETA.CL


COMUNICADO DE PRENSA

NUEVO DESALOJO PARA LA RADIONETA EN LA EX CÁRCEL

Como es de público conocimiento, La Radioneta retiró parte de sus equipos y bajó sus transmisiones luego del cierre de la ex cárcel de Valparaíso, lugar donde la organización se encontraba desde el año 2004 habiendo sido invitada a participar allí por el propio Gobierno Regional de la zona.

En el día de ayer, sin mediar aviso formal ni de ninguna especie, la puerta de la oficina donde se encontraban todavía algunas pertenencias de la radio, fue forzada y abierta por autorización del Gobierno Regional siendo retirados equipos, mobiliario y otros enseres, para ser trasladados según consta en el Libro de Registro que mantienen los guardias del recinto hacia otro lugar dentro de la misma ex cárcel, sin que hasta ahora haya sido posible verificar el destino o condiciones del material retirado, situación que configura además un delito de apropiación indebida.

Teniendo La Radioneta canales de comunicación formal con el Gobierno Regional a través de la persona designada como administrador del recinto Rodrigo Díaz, no hubo ningún aviso respecto a esta situación, siendo inconcebible que se tome una medida de presión de tales características con una organización que por cierto ha hecho un claro aporte al desarrollo, la promoción y la cultura de Valparaíso.

Concurriendo a dependencias del Gobierno Regional para solicitar una explicación ante lo sucedido, la Sra. Sara Peñaloza del Departamento de Administración, manifiesta que la medida se ajusta a derecho puesto que el gobierno es "propietario del recinto y puede proceder sin dar aviso alguno a retirar cualquier especie del interior" , incluso rompiendo el candado como sucedió, y que esta medida no tiene por qué ser informada a la organización.

El argumento esgrimido para el retiro por la fuerza de los equipos de la radio, ha sido que otros colectivos del recinto requieren hacer uso de dicho espacio.

Más insólito aún es que según se explicó, los materiales y equipos de la radio habrían sido trasladados al sector de la galería, que es precisamente el sector de más "inseguridad" en su infraestructura, y que fue la razón esgrimida por la Intendencia para el cierre del recinto el 21 de marzo de este año. Argumentando esa misma condición de "inseguridad", los guardias no permitieron en el día de hoy el acceso a ese sector para verificar el traslado y condiciones de todos los materiales de propiedad de La Radioneta.

Manifestamos nuestro repudio más enérgico hacia esta nueva actitud de violencia y prepotencia desmedida por parte de las autoridades de turno, que denota además una falta de respeto al trabajo de siete años de una organización cultural que durante todo el período de administración de la Intendencia y del Gobierno Regional, mantuvo convenios de uso vigentes y cancelación sistemática de los aportes por concepto de arriendo del espacio cedido para su trabajo.

Dejamos también en evidencia la falta de claridad en el papel de la I. Municipalidad de Valparaíso, quién en coordinación con el Gobierno Regional acordó que todos los colectivos que habían estado funcionando en la ex cárcel, podían mantener allí sus materiales mientras se concretaba el proyecto municipal "Casa de las Artes" donde las agrupaciones serían trasladas, oferta que también incluía a La Radioneta.

Llamamos a los ciudadanos y ciudadanas, radialistas, organizaciones y colectivos culturales, artísticos, sociales y políticos, a manifestarse frente a este nuevo atropello que pone en evidencia el proceder del Gobierno frente al relevante tema de la cultura, sus trabajadores y trabajadoras, donde no existe respecto ni consideración por las organizaciones locales ni medios de comunicación independientes, lo que constituye una burla más a un Valparaíso Patrimonio de la Humanidad y "Capital Cultural".

Agradecemos difundir

Equipo La Radioneta

Contactos Prensa:

Natacha Gómez-Directora:9/3440988
Cecilia Fuentes-Periodista: 9/5470614




06 junio, 2008

El sentido circular

A veces los caminos te dan vuelta la vida.
A veces es la vida la que se da vuelta en círculos.
Cuando tropiezo en círculos
Caigo hacia delante
Y aterrizo de pié.

La voluntad tropieza con la inercia.

¿Caí?

04 diciembre, 2007

AYUDEMOS A NATACHA!!!


Natacha debe someterse en diciembre a una compleja operación en que se le pondrá una prótesis completa en la cadera derecha. Y esto, es difícil cuando el monto es muy alto, no hay recursos para enfrentarlo y el sistema de salud no lo cubre.
Por ello, un grupo de amigos y amigas, nos hemos organizando para planificar algunas actividades con el fin de cubrir en parte los casi siete millones de pesos que cuesta todo el proceso...

Si quieres colaborar, puedes escribirnos a rumbeacadera@gmail.com

Dentro de las actividades programadas tenemos una rifa
donde se sortearán estos excelentes premios:

  • Un cuadro óleo sobre tela de 1mt. X 1mt. de Edgar del Canto
  • Un cuadro de la serie "Gestación de multitudes" de Sergio Ayala
  • Una escultura de Henry Serrano
  • Una pieza de cerámica de Andrea Lalla.
  • Una once completísima para dos personas en el Desayunador
  • Un almuerzo para dos personas en el restaurante vegetariano "Bambú"
  • Un sweater tejido a mano por Taller "La Percha"
  • Serie serigrafías sobre papel mural de Marisol Toledo
  • Serie serigrafías sobre tela en bastidor de Marisol Toledo
  • Una serigrafía intervenida de Guillermo Nuñez, donada por Sandra Tello
  • Un set prendedores de fieltro, Marisol Toledo
  • Una fotografía enmarcada de Cámara Lúcida
  • Set completísimo de cosmética natural Daluz Natural de su creadora María Pía Ternicier
  • Tejido a Telar del Taller Maña & Ternura
  • Una sesión de reiki, Miguel Soffia.
  • Lectura de Tarot, Mariana Serrano
  • Una sesión de masaje completo de Reflexología, Beatriz de la Sotta


El valor del número es de $5.000 (cinco mil)
¿Cómo colaborar?


1.- Realizar un depósito por el monto de el o los boletos que desees comprar, en cuenta de ahorro BancoEstado a nombre de
KATIA DUARTE RODRIGUEZ, RUT 14.544.575-2
Nº Cuenta 31920 3335 88
Luego de ésto, debes enviar el aviso de la transferencia o la colilla de depósito escaneada al correo rumbeacadera@gmail.com o dar aviso de que realizaste un depósito al teléfono 8/431 53 20

2.- Adquirir tu boleto en el Museo In Situ, ubicado bajo la Plaza Sotomayor, frente al Consejo de la Cultura de Valparaíso.(De lunes a viernes, horario de comercio).

Eso te hace acreedor a un boleto (no a un número específico).
Se entregará un número a cada persona el mismo día del sorteo.

04 noviembre, 2007

En la brisa.


Por la playa te vi detenerte un instante antes del atardecer. Caminabas descalza por la arena, atenta a los embudos que zumbaban las olas. Sostenida en el aire ante el horizonte, te vi parar y cruzar tus brazos sobre tus hombros, esperando que todos esos colores te abrazaran de pronto. Te vi pedir, con los ojos cerrados e inspirando la brisa, pidiendo que el cielo expandiera su color momentáneo a los cerros de Valparaíso. El mar pasó a un segundo plano y un manto reventó como una ola sobre el cielo. Su cresta dibujó una linea de lava en los perfiles de las cimas distantes. Por un momento todo enmudeció. Las olas contuvieron sus vacíos y el agua desistió de explotar. ¿Una bengala? ¿Un latido? Te vi soltar el halo y abrir los ojos. Vi el color del cielo, brotar como poros adolescentes en los rostros de los cerros. Vi los caminos entrelazados por puntos imaginarios, siendo subidos y bajados. Y a ti, siguiendo el horizonte, hacia el sur, donde la tierra desemboca en bahía puerto.

15 octubre, 2007

COSM (Trailer)

Trailer de la pelicula documental CoSM THE MOVIE, un viaje cinematico a traves del cosmos de arte visionario del mundialemente renombrado artista Alex Grey.
Dirigida por Nick Krasnic.

Alex Grey

Les presento a este visionario del desarrollo energético potencial de esta era.

Goa Gil - The secret

06 octubre, 2007

Contingente Violeta

Al centro de la injusticia

Chile limita al norte con el Perú
y con el cabo de hornos limita el sur
se eleva en el oriente la cordillera
y en el oeste luce la costanera
la costanera

Al medio estan los valles con sus verdores
donde se multiplican los pobladores
cada familia tiene muchos chiquillos
con sus miserias viven en conventillos
en coventillos

Claro que algunos viven acomodados
pero eso con la sangre del degollado
delante del escudo mas arrogante
la agricultura tiene su interrogante
su interrogante

La papa nos la venden naciones varias
cuando del sur de chile es originaria
delante del emblema de tres colores
la mineria tiene muchos bemoles
muchos bemoles

El minero produce buenos dineros
pero para el bolsillo del extranjero
exhuberante industria donde laboran
por unos cuantos pesos(reale) muchas señoras
muchas señoras

Y asi tiene que hacerlo porque al marido
la paga no le alcanza pa´l mes corrido
pa´ no sentir la aguja de este dolor
en la noche estrellado dejo mi voz
dejo mi voz

Linda se ve la patria señor turista
pero no le han mostrado las callampitas
mientras gastan millones en un momento
de hambre se muere gente que es un portento
que est un portento

Mucho dinero en parques municipales
y la miseria es grande en los hospitales
en medio de la alameda de las delicias
Chile limita al centro de la injusticia
de la injusticia.

VIOLETA PARRA

04 octubre, 2007

El hombre mas feliz del mundo

De plano nos rompieron los paradigmas!
Acostumbrados a creer que la felicidad es una
competencia olímpica para tener más, ser más exitoso,
sentir más placer y hacer más cosas, ahora los
científicos del Laboratorio de Neurociencia Afectiva
de la Universidad de Wisconsin nos salen con que el
hombre más feliz del planeta es un tipo que vive en
una celda de dos por dos, no es dueño ni ejecutivo
de ninguna de las compañías del Fortune 500, no
tiene relaciones sexuales desde hace más de 30 años,
no vive pendiente del celular ni tiene Blackberry,
no va al gym ni maneja un BMW, no viste Armani ni
Boss, desconoce tanto el Prozac como el Viagra o
el éxtasis, y ni siquiera toma Coca-Cola.
En suma: el tipo más feliz del planeta es un
pobre diablo sin dinero, éxito profesional, vida
sexual, ni popularidad.

Su nombre es Matthieu Ricard, occidental por
nacimiento, budista por convicción y el único de
cientos de voluntarios cuyo cerebro no sólo alcanzó
la máxima calificación de felicidad prevista por
los científicos (- 0.3), sino que se salió del
felizómetro por completo (-0.45). Los 256 sensores
y decenas de resonancias magnéticas a las que Ricard
se sometió a lo largo de varios años para validar
el experimento no mienten: ahí donde los niveles
de estrés, coraje y frustración en los meros
mortales es muy alto, en la mente de Ricard estas
sensaciones negativas no existen. Por el contrario,
ahí donde la mayoría de voluntarios mostró bajísimos
niveles de satisfacción y plenitud existencial,
Ricard se voló la barda en todas y cada una de las
sensaciones positivas, dando origen al título de
'el hombre más feliz del planeta' ( www.elmundo.es,
22 de abril).

Lo paradójico del caso no es que haya un hombre tan
feliz, sino que llegó a serlo desprendiéndose de
todo aquello en lo que los occidentales suponemos
radica la felicidad: éxito profesional, pericia
científica, dinero, posesiones, fama, placeres,
relaciones humanas y consumo, consumo, consumo. Y
es que Matthieu Ricard no es ajeno a nada de esto:
hijo del miembro emérito de la academia francesa
Jean François Revel, Ricard no se dejó deslumbrar
por el ateísmo ilustrado de su padre, ni por su fe
de nacimiento; tampoco sus estudios de genética
celular en el Instituto Pasteur le trajeron la
satisfacción deseada. Con el mundo a sus pies y a
punto de convertirse en una eminencia científica
decidió que por ahí no iba la cosa. Se fue al
Himalaya, adoptó el celibato y la pobreza de los
monjes, aprendió a leer el tibetano clásico e
inició una nueva vida desde cero. Hoy es la mano
derecha del Dalai Lama y ha donado millones de
euros producto de la venta de sus libros a
monasterios y obras de caridad.

Pero eso no es la causa, sino la consecuencia de
su felicidad. La causa hay que buscarla en otro lado,
dice el jefe del estudio, Richard J. Davidson, y no
es ningún misterio ni gracia divina: se llama
plasticidad de la mente o, dicho en términos menos
fufurufos, es la capacidad humana de modificar
físicamente el cerebro por medio de los pensamientos
que elegimos entretener.

Resulta que al igual que los músculos del cuerpo,
el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que
más utilizamos. A más pensamientos negativos mayor
actividad en el córtex derecho del cerebro y en
consecuencia, mayor ansiedad, depresión, envidia
y hostilidad hacia los demás.
O, como quien dice, más infelicidad autogenerada.
Por el contrario, quien trabaja por pensar bien de
los demás y ver el lado amable de la vida ejercita
el córtex izquierdo elevando las emociones
placenteras y la felicidad.

Pero nadie se vaya con la finta de tanta
'felizología' barata que circula por ahí: Ricard
advierte que no se trata de decidir ver la vida en
rosa de un día para otro, si no de trabajar
sistemáticamente en debilitar esos músculos de
infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos
víctimas del pasado, de los padres o del entorno y, en
paralelo, comenzar a ejercitar los músculos mentales
que nos hacen absolutamente responsables de nuestra
propia felicidad (M. Ricard, En defensa de la
felicidad, Ed. Urano).

Al final, los resultados del estudio vienen a cimbrar
los pilares de nuestra civilización consumista -donde
el Prozac se vende cuatro veces más que el Viagra-
porque confirman, ahora sí con pruebas científicas
en mano, lo que humanistas y profetas de todas las
épocas han venido diciendo sin que los científicos
materialistas les dieran ni poquito crédito.

A saber: que la felicidad es un asunto del espíritu
que no depende de nada ni de nadie externo a la
persona (Buda), que la clave para ser feliz mora
en el interior de cada quien (Cristo) y que la
felicidad o es un hábito o es el resultado de varios
de ellos (Aristóteles). Y si bien Ricard admite que
su camino no es más que uno de muchos, advierte que
ser feliz necesariamente pasa por dejar de culpar a
los demás de nuestra infelicidad y buscar la causa
en nuestra propia mente.
O, como dice un adagio: 'envejecer es obligatorio,
madurar es opcional'.
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